"Todo lo que podía salir mal, salió mal", dijo Antonio Abrazian, máximo dirigente del Súper TC 2000 en plena sala de conferencia, mientras se acomodaban Emiliano Spataro y Christian Ledesma para contar su gran triunfo en los 200 Kilómetros de Buenos Aires. A confesión de parte, relevo de prueba. Aunque el dirigente agregó algo más: "Podría haber sido peor". Cuesta pensar qué podría haber sido pero en esta edición de la carrera más marketinera de la categoría. Lo del domingo debería ser analizado detenidamente por los dueños de los equipos, de la categoría, los representantes de las terminales y hasta por los pilotos para sacar conclusiones de todo lo que no hay que repetir en futuras ediciones.
El STC 2000 ya había vivido un fiasco con sus 200 Km en el 2014, cuando la Justicia porteña había clausurado el Oscar y Juan Gálvez durante la madrugada del domingo. La corajeada de Pablo Peón, ex presidente de la categoría, posibilitó que se abrieran las puertas cerca del mediodía. Nadie imaginó que se pudiera experimentar una edición peor. Pero todo es posible.
Otra vez la gente que llegó al Gálvez el domingo a la mañana se encontró con la puerta cerrada. La remake del 2014. ¿El motivo? Algo que ni la categoría ni nadie puede controlar: el clima. La tremenda tormenta que se desató en Buenos Aires durante la madrugada del domingo generó destrozos en el Autódromo y el Gobierno Porteño debió inspeccionar las instalaciones para constatar que todo estuviera en orden para recibir al público. Desde la seguridad, nada que decir. Las puertas se cerraron cerca de las 7 y finalmente se abrieron casi a las 10. Pareció un poco lento, especialmente porque mucha gente decidió volver a su casa al no poder ingresar. Pero en definitiva era una tarea que se debía realizar. Si no se inspeccionaba y alguien se lastimaba con algún destrozo producido por la tormenta, se hubiesen amontonado los dedos acusadores hacia el mal trabajo del Gobierno, la categoría y todo el que estuviera cerca.
A partir de ahí sí se vivió lo peor del fin de semana. La carrera debía comenzar a las 11.50, pero la salida a pista comenzó a demorarse. ¿El motivo? En pleno curvón Salotto corría un río por el drenaje de las banquinas. Tras las últimas obras solventadas por el ejecutivo porteño, las banquinas quedaron con más altura que la pista. Así, es lógico que el agua corra por el asfalto. Rápidamente quedó en evidencia que los trabajos realizados hasta ahora en el Gálvez se tratan meramente de maquillaje. Butaquitas pintorescas, alguna manito de pintura, una que otra gigantografías y esos muros que ya no se usarían más en el callejero de Puerto Madero que fueron a parar al Autódromo. Pero las banquinas desparejas nadie las vio parece. Y tampoco se acercó alguien durante un día de lluvia para ver si los drenajes funcionaban bien, tal vez para evitar algún posible resfrío... Pensar que algún disparatado habló de la Fórmula 1 en ese lodazal... Lo mismo podría haber vivido, y sufrido, el TC en su 1000 Kilómetros si se largaba a llover. El problema en este caso no es el STC 2000 sino el Autódromo, cuyas falencias quedaron al desnudo. Con autos que se despistaban y terminaban en lagunas, dando imágenes que mezclaban la vergüenza con lo casi desopilante.
Para la CDA no era seguro transitar el Salotto con esos ríos con los autos de carrera. ¿Por qué? ¿Acaso no están capacitados los pilotos para manejar en esas condiciones? Damián Fineschi dijo que no todos los que corrían en esta carrera eran "Silva o Spataro". ¿Con eso dijo entre líneas que no todos podían llevar un STC 2000 en esa condición? Pareciera que sí. ¿Pero quién los habilitó entonces para participar? Al margen, porque ya en ese tema hay que ir más a lo profundo, la demora para comenzar la carrera se extendía y el poco público que se acercó (el clima fue clave, por cierto) no tenía nada para mirar. Ni música, nada. Jamás se pensó en un plan de contingencia para darle algo a la gente por si ocurría una cosa así. Ahí saltó la falta de rápida reacción, tanto de la CDA como de la categoría. El ente fiscalizador trabajó para tratar de solucionar lo insolucionable. Porque el río del Salotto no varió jamás en su caudal. Era lo mismo a las 11.50 y a las 13, cuando comenzó la competencia. En un momento se pensó en correr en el 9, pero la idea se desechó. "Hay que ser expeditivo. Hay que encontrar la solución rápida, hay que tener plan B, plan C. Acá no hubo ni plan A", dijo un piloto con experiencia europea. Y tampoco existió reacción de la categoría, que impávida era testigo casi sin participación en la toma de una decisión.
Finalmente se largó cerca de las 13. Y todos aquellos que seguían las alternativas de la carrera por canal 13 (en Capital y Gran Buenos Aires), en la sexta vuelta vieron como de repente aparecía Mirtha Legrand. Si bien siguió la emisión por TyC Sports, no es lo mismo que ir por aire. Ya no es que no entraron los podios, como ocurrió en Santa Fe, ni siquiera se vio la carrera. Una pena. Ahí, la reacción de la dirigencia del STC 2000 hizo agua, como el Autódromo.
La competencia en sí también quedó en deuda. Con cada auto que se hundía en las lagunas del Gálvez entraba el auto de seguridad. Fueron 11 vueltas, de las 26 que se totalizaron (se terminó por tiempo), con la carrera neutralizada. El último giro salvó la ropa, con la magistral maniobra de Spataro para controlar el Fluence en medio del lodo, tras el toque de Peluso. Otro apartado para el debe: las paradas en boxes. Autos que se detenían donde querían, un reglamento que pocos respetaron en cuanto a la prioridad de circulación, mecánicos corriendo atrás de coches detenidos, otros que empujaban, un Fiat parado en doble fila al que casi le arrancan una puerta. De todo eso, también es culpable la categoría. Y como colofón, las 45.000 personas que, según la organización, fueron el domingo. Una real tomada de pelo, especialmente para los que fueron y se bancaron la lluvia, la puerta cerrada, la demora, el espectáculo lamentable y tantas cosas más. Es mejor esconderse en un número mentiroso y faltarles el respeto a los que fueron, tal vez para evitar el reclamo de alguna empresa de las que ponen plata. Vale aclarar que varias están que trinan por lo paupérrimo que fueron los 200 Km.
Así como desde este mismo sitio se aplaudió al callejero de Santa Fe, que como única mancha tuvo el atraso en el arranque de la actividad durante la primera jornada, también se le cae a los pobrísimos 200 Kilómetros de Buenos Aires. Ojalá los popes recojan el guante de las críticas, revisen todo lo que se hizo mal (hay para hacer un libro) y traten de no repetirlo el año que viene.
OPINIÓN: ALEJO IRIART
FOTO: COLORÍN COLORADO
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