Callejero sí, callejero no. Las voces de los fanáticos del automovilismo se multiplicaron por estos días, como ocurre cada vez que se disputa la tradicional cita urbana de Santa Fe del Súper TC 2000. Para algunos es el paseo de un tren en los que nadie se pasa y para otros se trata de un espectáculo único.
El callejero entrega muchas cosas que no se pueden ver en un autódromo. Es más, en una carrera entre muros en angostas calles se perfectamente aceptable que los autos no se superen tanto. Ocurre históricamente en el GP de Mónaco de Fórmula 1 y no por eso deja de ser una de las fechas principales de la Máxima. Los callejeros son otra cosa. Es más inaceptable que los coches de carrera no se sobrepasen en un autódromo, algo que suele ocurrir en la Argentina, un poco por culpa de los autos (pierden carga al ir en succión) y otro por el dibujo de algunas las pistas. Pero entre paredones y por las las calles es aceptable y entendible.
Correr en un callejero conlleva una adrenalina distinta para todos. Hasta para los periodistas que la cubren, porque no hay que distraerse jamás, ni siquiera en un entrenamiento. Porque una pasada de largo en un ensayo puede terminar con un auto destruido y sin chances de seguir adelante con el fin de semana. Y para el público es la alternativa de ver pasar los coches ahí nomás, a un puñado de metros. Y, por lejos, el plato fuerte de Santa Fe es la competencia nocturna, la más atractiva y colorida.
Sin dudas, cuesta entender que en una cita callejera que se disputa cada temporada desde el 2006 se haya atrasado por dos horas el inicio de la actividad del sábado, complicando el trabajo de pilotos y equipos y dejando en medio de un largo tedio al público que desde temprano se había acercado a las tribunas. Eso no puede y ni debe ocurrir. Se explica una demora lógica porque el cierre total al tránsito se hace una hora antes, especialmente en la zona del casino (fue el acuerdo de la Municipalidad con los propietarios del casino). Pero dos horas es mucho más de lo aceptable.
Un callejero necesita el automovilismo argentino y Santa Fe entrega todo el espectáculo que una cita urbana debe tener. Es la joya del Súper TC 2000.

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